CIUDADES SOSTENIBLES… Y SALUDABLES

CIUDADES SOSTENIBLES…Y SALUDABLES

Desarrollo Sostenible es un concepto que cada vez es utilizado con mayor profusión, implicando una evolución desde el desarrollismo –  y consumismo – desaforado, sin contemplaciones, hacia un desarrollo que toma en consideración al medio ambiente, la salud y, en definitiva, todo aquello que suponga una mejora de la calidad de vida del ser humano.

Ya no se piensa que crecer es lo único que importa. Un crecimiento desbocado sería como un cáncer, enfermedad que – como sabemos – consiste en un crecimiento desordenado de determinadas células, con consecuencias en muchos casos fatales, a menos que se consiga extirpar dichas células o tumores malignos.

En el caso de la ciudad, ya en los albores del siglo XXI, esto se traduce en una preocupación en el sentido que su desarrollo sea amigable y compatible con el medio ambiente en el que se inserta, al tiempo que favorezca la salud física, mental y emocional de sus ciudadanos. Pero, puesto que este enfoque no ha sido – desgraciadamente – el que ha imperado en los últimos tiempos, esto también implica un esfuerzo por resolver los problemas creados por el desarrollismo a ultranza. Esto es, hay que eliminar los “tumores malignos” para que el organismo vuelva a tener buena salud.

En realidad, la interacción de la ciudad con el medio ambiente no es un hecho reciente. No hay más que consultar archivos medievales para constatar que en ciudades como Castellón se dictaban disposiciones municipales en las que se prohibía o limitaba la tala de árboles o arbustos para la producción de cenizas con fines industriales, por citar un ejemplo.

La ganadería medieval – o posterior – así como la presión demográfica – con la subsiguiente extensión de la superficie destinada a la agricultura – están detrás de la desaparición de la mayor parte de los bosques de nuestra provincia. Por no citar a la minería, cuya fuente de energía consistía casi exclusivamente en la madera de árboles y arbustos. También cabría citar una larga lista de industrias más o menos artesanales, como la construcción, astilleros, cerámica, etc., que ineludiblemente hacían mella en los recursos naturales.

Es decir, heredamos una situación cuyos orígenes se remontan – como mínimo – a la época romana, sino antes. Esto puede parecer exagerado, pero no es así. Por ejemplo, está comprobado que los romanos fueron los causantes de la práctica extinción de los leones en el norte de Africa. Asimismo, existen documentados estudios acerca del impacto de las minas de Río Tinto (Huelva) en la desaparición de los bosques en su entorno.

Por lo tanto, la ciudad, además de desarrollarse en armonía con su entorno, debe hacer un esfuerzo para recuperar los valores medioambientales perdidos. Las preguntas que nos hemos de formular son: ¿Cómo era el medio ambiente primigenio? ¿Queda algo de él? ¿Cuáles son las líneas de actuación prioritarias y compatibles con la realidad existente? En cualquier caso, no caben posturas maximalistas o simplistas. Imaginemos una ciudad del norte de Africa, por ejemplo Argel. Sería una barbaridad dejar leones sueltos por sus alrededores por el solo hecho de que allí habitaban al principio de nuestra era. Entre todos hemos de buscar soluciones consensuadas, sensatas.

Se trata de que todos salgamos ganando, no que unos vayamos contra otros. La ciudad y su entorno, el medio ambiente en definitiva, es patrimonio de todos. Normalmente, cuando sobre un tema no existe consenso es porque el planteamiento es perfeccionable. Excepto, claro está, cuando aparece la intransigencia.

Pero no es suficiente conque la ciudad moderna sea amigable y protectora de su entorno. Esto, por sí solo, no asegura que sus ciudadanos disfruten de las condiciones óptimas para su desarrollo personal: salud física, mental y emocional. La ciudad, en sí misma, debe ser saludable.

¿Y qué es una ciudad saludable? Una ciudad que favorece, e incluso promueve, los valores humanos y fomenta la salud de sus ciudadanos. Pero, ¿qué es una ciudad moderna? Podríamos decir – dejando de lado las definiciones de los diccionarios – que una ciudad es un punto de encuentro, un lugar donde las personas se reúnen e interactúan para llevar adelante sus proyectos personales, y donde transcurre la práctica totalidad de las vidas de sus ciudadanos. En consecuencia, el hecho de que una ciudad sea – o no – saludable tiene una influencia extraordinaria en la salud física, mental y emocional de las personas que en ella habitan. Y en especial – aunque no exclusivamente – los colectivos menos autosuficientes, como por ejemplo los ancianos y los niños.

En lo concerniente a la salud física, algunas de las posibles líneas de actuación serían

  • Control de la contaminación atmosférica. Consecución de un aire sano y “respirable”, con especial énfasis en la prevención de factores que favorezcan las alergias
  • Aplicación de la Geobiología para lograr hábitats saludables
  • Fomento del deporte y la educación física, para todas las edades, así como espacios – públicos o privados – para su práctica durante todo el año
  • Fomento de la calidad de las aguas superficiales – marinas o continentales – y subterráneas, con especial atención a las de consumo humano, así como a las depuradas
  • Fomento de las actividades al aire libre
  • Prevención sanitaria y epidemiológica

La salud mental y emocional, como demuestran las estadísticas, es algo que las ciudades que hemos heredado están lejos de favorecer. Depresiones, neurosis… por no mencionar la delincuencia, alcoholismo, drogadicción y un largo etcétera. En definitiva, ¿cuántos de nosotros podrían afirmar que somos verdaderamente felices? La felicidad es una de las más hondas aspiraciones del ser humano, aunque – por supuesto – no podemos echarle todas las culpas a la ciudad actual. No obstante, sí que pueden discernirse líneas de trabajo que conducen a una mejora de la calidad de vida y pueden coadyuvar a que muchos de nosotros seamos más felices:

  • Fomento de la interacción entre los ciudadanos: la ciudad como punto de encuentro
  • Fomento de la cultura y de las actividades asociativas en general
  • Fomento de las actividades lúdicas y festivas, especialmente en horario diurno, al objeto de favorecer el respeto a los ciclos biológicos naturales del ser humano. Y, por tanto, tendencia a reducir las actividades nocturnas, especialmente las que se desarrollen durante la madrugada
  • Fomento de la solidaridad y la cohesión social, dentro de la ciudad y fuera de ella
  • Mejora de la estética urbana – privada y pública – y disminución de los impactos publicitarios (vallas, rótulos, vehículos…), encauzándolos hacia los medios de comunicación
  • Promoción de los espacios comunitarios – públicos y privados – con especial atención a los parques y jardines
  • Prevención de la delincuencia u otras causas de inseguridad o alarma social

Muchas cosas han quedado en el tintero, pues no se ha pretendido hacer un informe técnico exhaustivo. No obstante, considero que lograr que nuestras ciudades sean cada vez más saludables y “sostenibles” debe ser un objetivo prioritario de todos nosotros, sus ciudadanos. Al fin y al cabo, es nuestra propia felicidad como seres humanos lo que está en juego.

Gaspar Llinares

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