COLUMBRETES, NATURA MARINA

COLUMBRETES, NATURA MARINA

En cualquier época del año, aunque especialmente durante los meses estivales en que la práctica de la natación y el buceo es más gratificante, la visita a las Islas Columbretes nos traslada a un escenario natural privilegiado, único. Están a unos 50 Km de la costa de Castellón – a unos 70 km de Valencia – desde cuyo puerto – muelle de Costa – podemos acceder mediante un catamarán que presta servicio todos los días del año, salvo inclemencias meteorológicas.

Las Islas Columbretes constituyen un pequeño archipiélago compuesto por cuatro grupos de islotes deshabitados que reciben el nombre del más importante de cada uno de ellos: Illa Grossa, Ferrera, Foradada y Carallot. En total suman 19 hectáreas de tierras emergidas, de las cuales 14 en la Illa Grossa, donde asimismo se encuentra la cota más elevada, el Mont Colibre, con 67 metros de altitud.

Están protegidas como Reserva Natural desde 1988, además de ser Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Y, desde 1990, las 4.400 hectáreas de superficie marina que las rodean están protegidas bajo la figura de Reserva Marina.

Durante el Cuaternario una serie de emisiones volcánicas submarinas llegaron a la superficie marina, formando un nuevo archipiélago. El vulcanismo de las Columbretes está asociado a una zona de subducción donde la corteza oceánica se va consumiendo. Por ello, se podría considerar que el campo volcánico – de 40 Km de longitud por unos 15 Km de anchura – está siempre activo, aunque no hay referencias de erupciones posteriores a las que originaron las islas.

El aislamiento implícito y la condición volcánica del archipiélago han producido la aparición de nuevas especies de flora y fauna. Entre las plantas destacan dos endemismos: el mastuerzo marítimo Lobularia maritima ssp. Columbretensis y la alfalfa arbórea Medicago citrina. El fenómeno de especiación es obvio en los animales terrestres de las Columbretes, ya que se ven privados de los mecanismos de dispersión que les aseguran el flujo genético con otras poblaciones. En total aparecen 10 especies de insectos exclusivas del archipiélago, mayoritariamente escarabajos tenebriónidos, aunque también hay una especie endémica de caracol. Y la emblemática lagartija de las Columbretes Podarcis atrata, que mantiene cuatro poblaciones aisladas en diferentes islotes.

Especial mención merecen las aves, destacando las 6 especies de aves marinas que han elegido los acantilados volcánicos como lugar de cría habitual. Además de la abundancia de pájaros migratorios que utilizan estos islotes como área de reposo, pudiéndose identificar más de 230 especies diferentes a lo largo del año.

Llama la atención la gran cantidad de peces presentes en aguas de las Columbretes, como meros y corvinas o corvillos, y su indiferencia ante la presencia humana gracias a la estricta regulación de la pesca y la excelente calidad de las aguas. En las proximidades de las islas puede disfrutarse de la presencia de delfines mulares, peces luna y, ocasionalmente, grandes cetáceos como el rorcual común.

En el infralitoral destacan tres tipos de hábitat: praderas de la fanerógama marina Cymodocea nodosa, donde habitan infinidad de organismos marinos; fondos de maërl compuestos por algas calcáreas abarcando extensas áreas; y fondos rocosos, donde vive la langosta roja y pueden encontrarse a gran profundidad poblaciones de gorgonas rojas Paramuricea clavata, únicas en el mar Mediterráneo.

Se encuentran referencias en Estrabón (siglo I a.c.), en cuya Geographica menciona la isla Ophiusa. Dos siglos después, Plinio y Mela citan los islotes, esta vez con el nombre Colubraria, de donde proviene su actual nombre. Durante su historia, las Islas Columbretes han sido visitadas por navegantes, piratas, corsarios, científicos, militares, contrabandistas y pescadores, que buscaban refugio en el puerto natural de Illa Grossa.

Ahora es nuestro turno de encontrar refugio y sosiego en las Columbretes, reconectando con una naturaleza terrestre y marítima que todavía se conserva prístina y acogedora, dispuesta a cargar nuestras baterías vitales mientras paseamos, nadamos, buceamos, tomamos el Sol o disfrutamos del dolce far niente.

Gaspar Llinares

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