ESFUERZO, TALENTO, RIESGO

ESFUERZO, TALENTO, RIESGO

Sabemos que esta crisis – The Long Recession – comenzó el 9/8/2007. Pero ignoramos cuándo finalizará. Ni siquiera estamos seguros de haber pasado su ecuador. A estas alturas, ya nadie espera recetas mágicas que nos saquen del atolladero. La mayoría sigue obrando como siempre, no se han percatado de que ya nada será igual. Hubo consenso en que la situación era de crisis sistémica; pero el sistema no ha cambiado aunque los paradigmas sean distintos.

Es evidente que los políticos, de cualquier país o signo político, no han estado y siguen sin estar a la altura de las circunstancias. Se requieren estrategias y medidas a largo o incluso muy largo plazo, y los políticos suelen estar instalados en el cortoplacismo de la supervivencia electoral. ¡Cómo añoran la burbuja que tan irresponsablemente fomentaron!

Esto lo saben y aprovechan los inversores potentes y poderosos, como determinados directivos de Goldman Sachs y otros próximos a ellos. En ocasiones se reúnen en lujosos áticos de Manhattan, esa isla neoyorquina donde tanto se decide, a ser posible sin luz ni taquígrafos. Pero su presunta hoja de ruta, espoleada por la avaricia desatada, sin ser cortoplacista tampoco aparenta contemplar el largo plazo, pues los inversores necesitan realizar resultados. Y, sobretodo, no plantea soluciones para el cambio sistémico, inevitable y global. Lo cual comienza a craquear, agrietar, sus sofisticadas prospectivas.

Pero muchos ciudadanos se han dado cuenta de que, si bien no hay fórmulas mágicas, sí que hay conceptos o valores que van en la dirección correcta: esfuerzo, talento, riesgo.

El esfuerzo supone un contrapunto al hedonismo en que todavía están instalados algunos, bien porque lo añoran, bien porque han logrado permanecer en él contra viento y marea desentendiéndose de cuanto acontece en su entorno. Es difícil imaginar algún logro significativo de la humanidad que se haya alcanzado sin esfuerzo. Y esfuerzo significa trabajar con eficacia y eficiencia, aprovechar al máximo nuestro tiempo, dando lo mejor en cada instante. Y aprovechar sinergias, colaborando y no entorpeciendo la labor de otros, formando verdaderos equipos, armonizando nuestras tareas. Comprendiendo y asumiendo nuestro lugar. Saber estar, compromiso. Asimismo, el esfuerzo debe ser favorecido mediante su reconocimiento.

Talento es lo contrario de mediocridad, talento es intensidad creadora. Es lo que marca la diferencia, y por consiguiente la diferenciación, tan necesaria en las organizaciones. Ahora, más que nunca, se precisa mejorar, innovar y saber difundir las ventajas competitivas de las iniciativas inteligentes. Y premiar positivamente el talento, estimulando la meritocracia.

El talento se combina a la perfección con el esfuerzo. Buen ejemplo de ello son los deportistas de élite, que aúnan talentos singulares con intensos entrenamientos. Podríamos decir que talento más esfuerzo equivale a creatividad con dimensión.

Pero sin asunción de riesgos difícilmente saldrán adelante iniciativas o emprendimientos, por más esforzados y talentosos que sean. No obstante, el riesgo ya no puede ser el del rentista individual que se limita a colocar sus inversiones a plazo fijo o en bonos estatales. Se impone un análisis cuidadoso de los proyectos de inversión, una diversificación en múltiples proyectos y sectores económicos, y un seguimiento activo de las posiciones tomadas. En definitiva, una toma de riesgos asociativa acompañada de talento y esfuerzo en su análisis y seguimiento.

Por otra parte, los rentistas lo tienen cada vez más crudo, con quitas de deuda pública a la orden del día y unas instituciones financieras cada vez más volátiles, menos confiables. Se están quedando sin valores refugio, pues hasta los metales preciosos, como el oro, son cada vez una inversión más arriesgada, quizás otra burbuja según analistas cualificados.

La atonía crediticia de las instituciones financieras públicas y privadas está generando un interesante divorcio entre la economía real y la economía financiera. Los nuevos proyectos o emprendimientos, tanto de empresas existentes como de las recién creadas, están encontrando mejor encaje entre instituciones de capital riesgo y business angels que en la banca convencional. A lo que hay que añadir lo que se podría calificar de explosión de los microcréditos. Y aquí el riesgo ya no está definido por el respaldo de activos de creciente volatilidad, sino por la capacidad y grado de compromiso de las personas: esfuerzo y talento.

Esta tríada esfuerzo-talento-riesgo es de una gran simplicidad, fácil de comprender e implementar, además de ser perfectamente asumible por cualquiera de las culturas e idiosincrasias del planeta. Entonces, ¿por qué casi nadie habla de ella? Veamos…

En primer lugar, los dirigentes – políticos o del sector privado – suelen ser reacios a cualquier cambio que ponga en riesgo sus privilegios. Y, como es evidente para todos, hay mucho mediocre que ha traspasado con creces su nivel de incompetencia. La puesta en valor del talento, la meritocracia, va contra sus intereses. Es demasiado arriesgado para ellos.

Por otra parte, la primacía del esfuerzo armonizado, del compromiso con el trabajo y con la empresa, choca con las obsoletas estructuras sindicales y patronales. También se estrella contra los intereses de determinadas élites laborales – controladores aéreos, maquinistas de tren, etc – que se aferran a privilegios absurdos, por lo alejados de cualquier noción de eficiencia o rentabilidad.

Y, por último, la aversión al riesgo es lógico que se acentúe en épocas de crisis. Máxime si tomamos en consideración el hecho de que una proporción más que elevada de los patrimonios con posiciones de liquidez está compuesta por personas de edad cada vez más avanzada. Consecuencia del incremento de la esperanza de vida. La combinación de edad avanzada y, en general, escasa preparación, hace ilógica la toma de posiciones de riesgo asociativo no estructurado, fuera del sistema financiero convencional. Y transmitir patrimonio a los hijos, aunque sea parcialmente, choca con la egolatría de la mayoría. Y con el miedo, nuestro gran enemigo, el gran aliado de la oscuridad.

Aparentemente estamos en un callejón sin salida. Por eso parece inevitable una recaída en la recesión, el double dip o “W” que anuncian reputados economistas. Volveremos a tocar fondo y a remontar, con mucha más dificultad pues hemos agotado los recursos. Lo grave es que si no se implementan cambios sistémicos, vendrá un triple dip, una tercera recaída de la crisis. Y esto hay que verlo desde un positivismo realista, sin perder la esperanza ni la fé.

Pues, quienes sean capaces de implementar la tríada esfuerzo-talento-riesgo, no solo tendrán posibilidades de sortear la tormenta, sino que adquirirán fortalezas competitivas de largo recorrido. Quizá no haya recursos para todos, pues el sector público y las finanzas tradicionales absorben una parte muy considerable de los mismos. Pero será suficiente que una minoría significativa y cualificada de la sociedad comience a remar en la dirección correcta.

Los grandes cambios, como la reciente primavera árabe, comienzan con pequeñas semillas. Acompañadas de esfuerzo, talento y riesgo.

Gaspar Llinares

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