EL TRIUNFO DEL ESPÍRITU FESTERO

Entrevista publicada en Las Provincias, redactada por Aitor Tezanos.

Los gaiateros consiguen completar la reconstrucción de sus monumentos no sólo en contra del tiempo, sino de los problemas «cíclicos» de presupuesto de las comisiones.

Muchos ‘festeros’ abogan por un replanteaminento del diseño de las gaiatas, que juzgan caduco
Cuando en la mañana del 27 de enero los festeros conocieron que el almacén de gaiatas había sufrido un grave incendio durante la madrugada se les vino el mundo encima. Los daños en varios de las estructuras eran muy graves, hasta el punto de que algunos monumentos quedaron prácticamente reducidos a cenizas. En la mente de todo el mundo estaba que a falta de sólo 40 días del inicio de la Magdalena, algunas gaiatas tendrían que empezar casi de cero, ya que las llamas habían destruido un trabajo que suele comenzar en verano. «El daño es irreparable», aseguró una desesperanzada Elisabeth Breva, presidenta de la gestora de gaiatas.
La tristeza del momento hizo que Breva, sin embargo, no tuviera en cuenta que los gaiateros no se iban a quedar así como así sin su fiesta. A día de hoy, de no mediar ningún imprevisto, todos los monumentos desfilarán, gracias al gran esfuerzo demostrado por las 19 comisiones.
¿Significa esto que el incendio no ha dejado consecuencias? Todo lo contrario; de hecho, si no fuera por el empeño de los sectores, habrían varias gaiatas que no podrían participar en el desfile. Y es que además de calcinar los monumentos de las comisiones 4, 16 y 18, y afectar en gran parte a la de la 5, el fuego también dañó la instalación eléctrica del almacén de gaiatas, lo que provocó que los festeros tuvieran que estar sin utilizar la luz durante prácticamente dos semanas, retrasando mucho los trabajos de construcción de los monumentos.
Sin embargo, hay varios factores que han hecho si cabe más difícil la reconstrucción. El primero y más importante es la falta de presupuesto de las gaiatas, «un problema crónico», según Gaspar Llinares, miembro de la gaiata 1. Y es que la financiación de los monumentos corre prácticamente toda a cargo de sus miembros. «Todo sale de las cuotas, de las derramas y de la recaudación del ‘llibret’, de la publicidad o de las loterías», explica Llinares.
El montante económico que maneja cada comisión se sitúa, finalmente, entre los 50.000 y los 100.000 euros. «Aunque hay sectores que tienen más; como en todo, en las gaiatas también hay clases», afirma el gaiatero. En cuanto a las subvenciones públicas, únicamente significan un 20 por ciento del total presupuestario.
Así, teniendo en cuenta que si se encargara construir una gaiata a un fabricante externo «costaría entre 60.000 y 100.000 euros», el esfuerzo que tienen que hacer los miembros de las comisiones para levantar el monumento desde cero es muy destacado. «Nosotros lo hacemos todo y nos toca reciclar entre el 80 y el 90 por ciento de las gaiatas del año anterior para construir la nueva. Así, conseguimos que nos cueste finalmente unos 10.000 euros», explica Llinares.
Con ello consiguen contar todavía con un remanente económico importante para hacer frente a los demás gastos propios de cada una de las 19 comisiones que forman las fiestas de la Magdalena.
Sin embargo, este año se van a encontrar con más dificultades a la hora de cuadrar cuentas, ya que las collas, gaiatas y entes festeros pagarán por primera vez en la Magdalena por el montaje de escenarios y por el uso de vallas suplementarias, un efecto más de la crisis económica del que no se ha conseguido escapar.
Por otra parte, y a pesar de ser un colectivo unido, la capacidad de autocrítica no es ajena a los gaiateros. Y es que existe una gran parte de ellos, aunque normalmente no lo manifiestan en público, que creen las gaiatas necesitan ser reexaminadas, «algo con lo que está de acuerdo mucha gente del ‘món de la festa’», manifiesta Llinares, ingeniero de profesión.
Esta posición se alimenta del hecho de que, a diferencia de otros monumentos festeros, las gaiatas no consiguen generar interés en los «artistas en mayúsculas», por lo que los diseños acaban siendo repetitivos y poco evolucionados. El motivo, según opinión del gaiatero, es muy claro: «La metodología para elegir a la mejor gaiata no responde a criterios artísticos».
Atraer a artistas
Es por ello que los especialistas «no quieren ser juzgados por los ojos de personas que no son expertas en arte, no quieren correr ese riesgo». Es por ello que esta corrienete de gaiateros renovadores apuestan por que de cara al concurso «se establezcan criterios más homogéneos y objetivos», para así poder atraer a artistas de renombre y que, de ese modo, la fiesta gane en prestigio y en interés.
Pero ése es un objetivo a largo plazo. A corto plazo, lo que toca es culminar un esfuerzo de muchos meses y ofrecer el desfile más espectacular que se pueda, dadas las circunstancias. La construcción de la gaiata comienza justo después del verano y se suele desarrollar con tranquilidad a lo largo de unos seis meses. Pero a pesar de todo este tiempo de antelación, las prisas, con incendio o sin incendio, son la constante en los últimos días, «ya que siempre falta algo por hacer en los últimos días».
Algo que parece que no tiene solución y que forma parte del ADN del gaiatero, que es una persona a la que, fundamentalmente, le gusta disfrutar de la vida. «Nos lo tomamos con calma. Empezamos con muchos meses de antelación para ir poco a poco. A veces venimos al almacén a trabajar y acabamos cenando en el bar…», detalla Llinares, un ‘magdalenero’ de pro.
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