CASTELLÓN ANTE LOS RETOS FINANCIEROS

CONTEXTO LOCAL

“El capitalismo se ha convertido en la principal ideología económica elegida en el mundo, principalmente porque estimula una fracción mayor del potencial humano con omnipresentes incentivos orgánicos que premian la dedicación, el ingenio y la innovación.” Al Gore, exvicepresidente de EEUU.

Castellón es un territorio heredero de una rica historia, y de recursos culturales, naturales, ambientales y productivos atractivos. La provincia goza igualmente de un capital social valioso, que históricamente se ha plasmado en su notable talento para emprender, creando riqueza. Pero la provincia de Castellón no es ajena a la compleja coyuntura de crisis que vive España, y el mundo en general. Puede que el miedo esté minando la confianza necesaria para que aumente la inversión productiva, y con ella los puestos de trabajo en la economía real. De no revertirse la tendencia, el declive demográfico amenaza nuestro horizonte, agravando aún más si cabe la situación.

Momentos de crisis como el actual obligan a que los agentes con responsabilidad rehuyan la inercia, dando un salto hacia el futuro deseable y tomando decisiones más o menos difíciles. Facilitando el cambio hacia modelos de comportamiento público y privado, y estrategias de competitividad, más innovadores. Que abran, junto a las existentes, otras vías de crecimiento económico, de empleo, de bienestar social y de creación de riqueza.

La magnitud del cambio sobrevenido, también nos permite afirmar que no volveremos a los niveles del pasado haciendo exactamente lo mismo. Es decir, las claves de éxito pasadas deben ser estudiadas para determinar los cambios que, en su caso, se deban producir.

En una economía de mercado interrelacionada y compleja como la española, ni los análisis tecnocráticos de los expertos, ni las decisiones políticas pueden – ni deberían – sustituir a la iniciativa privada, ni al empuje del plural elenco de instituciones en que se organiza la sociedad civil.

Los buenos empleos son resultado de una buena educación, tecnologías de vanguardia, infraestructuras fiables y una inversión adecuada de capital privado. Por lo tanto, son el resultado de años de inversiones públicas y privadas sostenibles.

Por otro lado, gran parte de la incertidumbre en los mercados y en los consejos de administración está relacionada con el mercado laboral. Se estima que uno de cada cuatro empleos perdidos durante la recesión no podrá ser recuperado, un hueco que deberán llenar las industrias que nazcan o se expandan.

La creación de empleo, pues, no solamente es necesaria como acto de solidaridad favorecedor de la cohesión e inclusión social, sino que es imprescindible para movilizar capital hacia nuestra economía. Dicho de otra forma, la manera más eficiente de revalorizar nuestros activos empresariales y patrimoniales provinciales es creando empleo de forma sostenida y, a ser posible, con celeridad.

Pero el crecimiento del empleo en general no alcanzará su potencial mientras las finanzas provinciales no logren caminar sobre unas bases mínimamente sólidas. La renovación del modelo productivo de Castellón pasa por el impulso de su capital económico-financiero, trabajando por la potenciación de la oferta de capital y de servicios por parte de las entidades financieras.

Los créditos concedidos en Castellón, según el Banco de España, no han dejado de descender desde su máximo histórico en septiembre de 2008 (26.207 M€). A 31 de diciembre de 2009, eran 25.398M€, de los cuales 436 M€ AAPP (1,7%) y 24.962 M€ al sector privado (98,3%). En junio de 2011 eran 23.086 M€. A 31 de diciembre de 2011 ascendían a 22.313 M€, de los cuales 440 M€ AAPP (2,0%) y 21.873 M€ al sector privado (98,0%). Un descenso total de 3.894M€ (15%) en 39 meses, es decir, unos 100 M€ (0,45%) mensuales.

Los depósitos en Castellón según el Banco de España, a 31 de diciembre de 2009, eran 12.302 M€, de los cuales 301 M€ AAPP (2,4%) y 12.001 M€ del sector privado (97,6%). A 31 de diciembre de 2010 eran 12.420 M€. A 31 de diciembre de 2011 ascendían a 12.624 M€, de los cuales 207 M€ AAPP (2,4%) y 12.417M€ del sector privado (97,6%), de los cuales 8.018 M€ (64%) son depósitos a plazo. Un ascenso total de 322 M€ (2,5%) en 24 meses, es decir, unos 12 M€ (0,1%) mensuales.

Es de reseñar que una parte significativa de los depósitos, particularmente los depósitos a plazo – casi 2/3 del total – está presumiblemente en manos de particulares de edad avanzada, los cuales buscan ante todo seguridad. Pues para ellos es un blindaje personal con profundas connotaciones culturales, emocionales y familiares, máxime en épocas convulsas como la presente.

Es de destacar, por prometedora, la potencial ayuda económica directa que los parados, especialmente aquellos con familia a su cargo, podrían recibir de sus familiares, especialmente por parte de sus padres. Y, muy especialmente, hay que poner énfasis y potenciar que dicha ayuda se oriente hacia la formación de nuevas empresas, favoreciendo el emprendedurismo y la innovación entre este colectivo.

Una de las amenazas más sutiles, que se prolongará mientras haya conciencia de crisis, es la llamada Paradoja o Trampa de la Austeridad: si todos somos austeros, acabaremos siendo más pobres. Y cuanto más austeros fuéramos todos, más pobres seríamos.

En consecuencia, dada la grave emergencia coyuntural y la precariedad de los potenciales orígenes de fondos, debería acometerse una profunda reasignación de prioridades a todos los niveles, tanto públicos como privados. Y, sobre todo, evitando la dilución o dispersión en cientos de pequeñas iniciativas de incierto resultado, como por ejemplo ocurre con determinadas ayudas o subvenciones.

Por su naturaleza, la investigación y el desarrollo, y en especial la innovación tecnológica, tienen un consumo intensivo de capital. Requieren, pues, bancos y capital de riesgo dispuestos a apostar en esta línea.

Muchas compañías, especialmente las más pequeñas, a menudo señalan que a pesar de los altos retornos asociados a la inversión en proyectos de investigación y desarrollo, los riesgos potenciales parecen ser mayores que los beneficios, por lo que la financiación es escasa. Para mitigar dicho riesgo se puede llegar a ofrecer garantías a las entidades financieras para incentivar el crédito a pequeñas y medianas empresas.

Sin olvidar el problema del desempleo y el riesgo de exclusión que lleva aparejado. ¿Es posible dar empleo a todo el mundo? ¿Qué hacer con quienes no tengan empleo? ¿Vamos hacia un mundo de insiders, quienes tienen trabajo estable y generalmente bien remunerado, contra outsiders, los que tienen trabajo temporal o directamente están en paro?

La investigación económica reciente sugiere que los efectos de los subsidios por desempleo sobre la conducta de los trabajadores en paro son mucho más débiles de lo que se suponía hasta ahora. Ayudando a los desempleados, poniendo dinero en los bolsillos de personas que realmente lo necesitan, ayudamos a mantener el gasto de consumo. Es por este motivo por lo que la Oficina de Presupuestos del Congreso de los Estados Unidos categoriza las ayudas a desempleados como una forma de estímulo económico altamente eficiente respecto a su coste. Racanear a expensas de los parados es cruel, a la vez que erróneo.

A diferencia de lo que ocurre en otros países desarrollados, en especial los anglosajones, no tenemos una cultura de la filantropía. Las dotaciones para fines sociales, o incluso las simples donaciones, apenas forman parte de nuestro quehacer cotidiano, ni siquiera en las presentes circunstancias, que tanto dolor – en general silencioso, lo que lo hace merecedor de admiración y agradecimiento – ocasionan en muchos de nuestros vecinos.

Las donaciones privadas en Estados Unidos ascendieron a $303.750 millones en 2009, según Giving USA. Si alcanzáramos el éxito que tienen este tipo de iniciativas en Estados Unidos, en Castellón estaríamos hablando de uno fondos del orden de 500M€. Aún siendo una cifra quizás quimérica, solamente supone un 4% de los depósitos en entidades financieras provinciales, antes reseñados.

En definitiva, el gran peligro es que no reconozcamos la gravedad de la situación y pensemos que esperar a un repunte de la economía es un sólido plan de negocios.

2. AGENDA GLOBAL

Los principales actores de la escena mundial podríamos clasificarlos en:

a) Líderes políticos y económicos

b) Banca y finanzas, incluyendo reguladores (FMI, BCE…)

c) Grandes corporaciones e instituciones

d) Medios de comunicación

e) Universidades y científicos

f) Líderes religiosos

g) Terroristas y ‘señores de la guerra’

h) Delincuencia organizada y narcotráfico

En las reuniones de alcance global – como el Foro de Davos – así como en los discursos de los líderes mundiales y pensadores más influyentes se adivina una estrategia subyacente de amplio alcance y largo recorrido, que podría sintetizarse en una breve lista – no exhaustiva – de conceptos:

  1. Globalización: comunidad global de estados ‘serios’, que cumplen sus compromisos internacionales, sin veleidades ni amenazas, y que controlan todo su territorio (= estados no ‘fallidos’).
  2. Mildolarización’: supone que, de modo progresivo aunque inexorable, toda la población activa mundial alcance una renta mensual de 1.000 dólares, que permita el acceso a la educación, sanidad y vivienda, y una vida digna, humana.
  3. Sostenibilidad: fomento de las tecnologías ‘verdes’ y limpias, así como de las políticas de sostenibilidad. Y, por supuesto, pacificación.
  4. Nuevo Sistema: renovación total del sistema monetario y financiero global. Muchos – prácticamente todos, menos EEUU – consideran que el dólar no seguirá siendo la divisa primaria de reserva en la economía global.
  5. Recuperación: todavía muy débil, al filo de la recesión.

Es sintomático que, desde hace algún tiempo, se haya dejado de poner énfasis en las virtudes de la democracia, o en los derechos humanos. Y es que China ya es el número dos de una escena mundial que camina hacia un tándem EEUU-China, o bien hacia un vacuum – vacío – según algunos. China ha llegado ahí sin plantearse en ningún momento ser una democracia de corte occidental, y sin renunciar a la planificación o intervencionismo gubernamental. Aunque parece que a China le esté costando asimilar esta nueva posición de liderazgo mundial, como ya le pasó a EEUU a comienzos del siglo XX.

La prioridad actual es, lógicamente, la recuperación. Al mismo tiempo, se sigue avanzando hacia los restantes objetivos, aunque trabajosamente. Pero si no se avanza hacia un nuevo sistema económico, monetario y financiero – Bretton Woods ha quedado superado por los acontecimientos – el riesgo de futuras recaídas es muy elevado, y cabe la posibilidad de que la profundidad de las mismas llegue a ser inasumible para el equilibrio y la paz mundial. Aunque es harto improbable que la economía mundial colapse, si bien es posible que haya colapsos parciales en determinados países o áreas. Pues la alternativa a un colapso total y absoluto de la economía global sería la guerra: las superpotencias militares se harían por la fuerza con los recursos naturales que precisan para su subsistencia, una vez fracasados los medios de pago.

Llegados a este punto, cabe hacer una reflexión sobre qué fuerzas están en contra, o sencillamente salen perjudicadas por dicha supuesta estrategia. Es evidente que, de los actores globales arriba mencionados, los grupos g) y h) no salen beneficiados. Asimismo, las grandes confesiones religiosas no salen beneficiadas del aumento de la calidad de vida de sus fieles: quizás aumenten sus recursos económicos, pero retrocedan en proporción de adeptos, y por tanto pierdan influencia, poder.

Si combinamos estos grupos f-g-h y su ubicación geográfica tenemos, a grandes rasgos:

1) Terrorismo + Islam: Países musulmanes (Norte-centro de África, Oriente Próximo y Medio hasta Indonesia, Malasia y Filipinas).

2) Señores de la guerra + narcotráfico: Afganistán, zonas de Asia central, gran parte del África subsahariana.

3) Narcotráfico: México, Colombia, Bolivia, Perú, Ecuador.

4) Crimen organizado: Rusia y antiguos satélites. Italia y EEUU en menor proporción. Se manejan cada vez mejor en un entorno globalizado.

Observamos que los principales países, el G-20, apenas están reflejados en esta relación no exhaustiva. En la que, por cierto, no se han incluido los estados ‘no serios’ (también denominados estados ‘gamberros’): Corea del Norte, Cuba, Venezuela, etc. Tanto los países avanzados – OCDE – como los países BRIC y otros emergentes como Sudáfrica o Argentina no están apenas ‘contaminados’. En el caso de Rusia, la prevalencia de organizaciones criminales seguramente haya influido en la prolongada atonía del país, pese a sus inmensos recursos naturales y el nivel educativo de la población. Algo similar cabe decir de algunos países del Este de Europa, así como de Italia.

En el caso de España, el terrorismo de ETA no se corresponde con ninguno de los patrones citados. De hecho, se ha convertido en un residuo anacrónico y sin sentido. Quizás por ello ahora estemos recibiendo ayuda exterior en unas proporciones nunca vistas, que hacen presagiar un fin no lejano de la banda terrorista.

A fin de cuentas, tenemos casi toda África, parte de Asia y una buena porción de América en la órbita de las fuerzas f-g-h contrarias a la evolución. Y, curiosamente, son las zonas del planeta donde menos – o nada – se está avanzando. Mientras tanto, el resto del mundo, pese a la recesión, se aleja con rapidez de los anteriores. La carrera hacia la sostenibilidad también afectará de lleno a países de este grupo, con grandes reservas de materias primas energéticas, desde Nigeria hasta Arabia Saudí pasando por Venezuela.

Y sabemos de los países que no cuentan por sus ‘gamberradas’, usualmente diseñadas para generar protagonismo mediático: intifadas en Palestina; fabricación de armas atómicas en Corea del Norte e Irán; arbitrariedades gubernamentales en Cuba, Venezuela y Bolivia; secuestros en Colombia, Filipinas y África; piratería en el Océano Índico; atentados sangrientos en México, Irak, Afganistán, Pakistán, Indonesia y ocasionalmente exportados a Israel, Rusia, India, España, Reino Unido y EEUU; y genocidios y golpes de estado en África.

¿Obedece esto a un plan, o es la simple relación causa-efecto de las rémoras mencionadas? No podemos descartar que confluyan ambas tendencias, siendo su efecto una bipolarización de la escena mundial: países que cuentan y países que no cuentan. ¿Amigos y enemigos? Las intervenciones directas de Occidente (EEUU, OTAN) en estas zonas han sido de dudosa efectividad. Lo potencialmente más grave es la fractura con el mundo musulmán. Afortunadamente, ha habido un cambio estratégico, plasmado en el apoyo occidental a la Primavera Árabe, mucho más inteligente y efectivo que en el pasado. Quizás en el futuro asistamos a acciones más concertadas y mejor orquestadas, lideradas por el tándem EEUU-China. O bien, alternativamente, asistiremos a un creciente antagonismo entre dichas superpotencias.

Europa está perdiendo terreno en casi todos los ámbitos, debido a la ausencia de auténtico liderazgo político, que se traduce en una dilución institucional del poder. Pese a concentrar en su conjunto el mayor volumen económico mundial, así como una fuerza militar considerable. Quizás esto se resuelva en un futuro lejano con la hipotética integración de Rusia, que aportaría territorio y recursos naturales, así como liderazgo militar.

Hay una ausencia de implicación geopolítica de Europa, un deseo de eludir compromisos como el de Afganistán. Es una mezcla de pacifismo voluntarioso e inmaduro, y miedo al dolor. Pero este posicionamiento no está exento de consecuencias: pérdida de respeto en los foros internacionales, desplantes, usurpaciones y expolios a nuestras empresas y ciudadanos.

Además, de un modo un tanto absurdo, los europeos nos hemos erigido en guardianes de la ortodoxia en materia medioambiental, lo cual nos ha generado unos sobrecostes y pérdida de competitividad que difícilmente podemos asumir. A lo cual se suman las cargas del estado del bienestar que hemos heredado, al que nos aferramos con uñas y dientes.

Recientemente, Alemania y Francia han tomado las riendas de facto de la UE, en especial detrimento de España. Aunque la crisis de Grecia ha evidenciado fuertes divergencias internas.

El Reino Unido sigue influido por su insularidad periférica, que le hace ser más refractario – euroescepticismo – al europeísmo de lo que realmente le interesa o corresponde. Esto le está conduciendo a una pérdida real de influencia en la toma de decisiones clave que, ineludiblemente, le afectan de lleno. No deja de ser paradójico observar los paralelismos con determinados nacionalismos periféricos de nuestra nación.

Los PIIGS – Portugal, Italia, Irlanda, Grecia, España – son los que más problemas económicos acarrean a la eurozona, en especial Grecia, junto con Irlanda. A ello se suma la postura intransigente de Alemania, muy enfocada a sus propios intereses nacionales.

El gobierno Zapatero ha desprestigiado a España, nacional e internacionalmente, hasta límites insospechados incluso para quienes no apostaban nada por él. La tarea del gobierno Rajoy para recuperar el terreno perdido se antoja titánica, dadas las circunstancias.

3. LA CRISIS, AHORA

La realidad presenta múltiples capas superpuestas, como un hojaldre. Por consiguiente, aunque sea relativamente sencillo – que no fácil – ver lo que ocurre en una de las capas de la realidad, no lo sea tanto plasmar una foto fija que sintetice lo que está pasando en todas ellas a la vez. De momento, los ordenadores todavía son incapaces de desarrollar estas tareas, conjugando análisis y síntesis simultáneos. Por no hablar de la prospectiva, que yuxtapone presente y pasado para inducir futuro.

El fenómeno principal que caracteriza nuestro presente es la prolongada recesión – Long Recession – que se aproxima a su segundo mínimo – double dip – de forma inexorable, afectando especialmente a la Unión Europea y con máxima intensidad en países como España, Grecia, Portugal, Irlanda…

Al mismo tiempo se está produciendo una aceleración tecnológica, curiosamente propulsada por la propia crisis: en unos mercados contractivos, para maximizar los beneficios se requiere acortar el ciclo de vida de los productos, incorporando otros nuevos, con mayores prestaciones, generando nuevas necesidades en los consumidores potenciales. Pero ello solo es posible si existe una maquinaria de innovación – I+D+i – perfectamente engrasada. Por ejemplo, es difícil imaginar que una commodity como la leche pueda renovarse. Al contrario, la preferimos tan natural como sea posible. En cambio, los mercados de derivados lácteos – e.g. yogures – sí que presentan una renovación apreciable en el tiempo, que se traduce positivamente en beneficios empresariales.

Así, tenemos que los países más afectados por la crisis son economías avanzadas pero excesivamente ‘maduras’, en las que el peso del elemento innovador interno es marcadamente marginal. En ellos las inercias culturales y sociales han pesado – y pesan – más que la necesidad de superar los retos del tercer milenio. Es lo que se ha dado por denominar en su conjunto como ‘falta de competitividad’.

En el caso particular de España, hemos presenciado una súbita expulsión del mercado – laboral y empresarial – de millones de personas, sin que apenas haya variado el PIB nacional. Matemáticamente, esto supone un drástico incremento de la productividad. Pero no ha implicado ningún avance hacia la potenciación de los elementos innovadores de nuestra economía o sociedad. Es decir, ha habido un inmenso ajuste que solo se ha traducido en miseria para una cuarta parte del país, empobrecimiento de casi todos los demás vía subidas de impuestos y congelaciones salariales y de precios, y cabría preguntarse si alguien de aquí ha salido ganando con todo esto. Pero el peso de la inercia ha impedido que se tome el rumbo adecuado de una vez por todas.

España, Irlanda, Portugal e Italia, tienen una historia marcada por su catolicismo, que las separa del resto de Europa desde la Contrarreforma. Francia supo mantenerse entre dos aguas. Este hecho ha generado unas sociedades muy ancladas en la ortodoxia y los privilegios, no solo los de clase, sino los de todo tipo: políticos, sindicatos, funcionarios, universidades, empresas públicas, fundaciones, asociaciones… Esto explica que, aún siendo la renta per cápita relativamente elevada, predominen los salarios bajos, los mileuristas. La meritocracia es mera utopía, es infinitamente mejor tener buenos contactos. Todo el mundo nace buscando un enchufe. Quien no lo tiene, lo desea. Y una vez alcanzada la meta, que se esfuercen otros. Los dirigentes de todo tipo también los seleccionamos de este modo – el dedazo – y así nos va.

De momento la emigración es lenta, aunque ya ha comenzado. Sobre todo por parte de jóvenes con su título universitario bajo el brazo. Pero es la salida lógica para el numeroso contingente excluido de los mercados.

Como recordaremos, la primera embestida de la crisis afectó sobre todo a las entidades financieras, que requirieron ingentes recursos públicos para su saneamiento. La segunda embatida de la crisis se ha dirigido contra la deuda y déficit públicos, y en eso estamos. Incidentalmente, en España presumimos al principio de la crisis de tener un sistema financiero sólido… y gastamos el endeudamiento público en obras y acciones superfluas. Ahora nos toca sanear bancos, además de sanear cuentas públicas…

Volviendo al mundo en general, lo sorprendente del caso es que el endeudamiento público se empleó básicamente en el saneamiento del sistema financiero, además del fomento de la reactivación económica. Es decir, los terrícolas de a pie estamos soportando y sufriendo ahora una situación que en su origen fue responsabilidad de unos cuantos – más bien pocos – millonarios, que siguen siendo tanto o más millonarios.

Como reza un antiguo proverbio: “Los astros inclinan pero no obligan”. En definitiva, el ser humano tiene libre albedrío, y una capacidad admirable para la superación de circunstancias muy adversas. Podemos lamentarnos… un instante, para enseguida levantarnos. Pero el conocimiento es imprescindible, First Understand, Then Conquer, o sea, Primero Comprende, Entonces Conquista. Y en eso estamos, en comprender el ahora para conquistar nuestro futuro.

Siguiendo el modelo de la realidad compuesta por múltiples capas superpuestas, no podemos descartar que una de ellas contenga conspiraciones dirigidas por la avaricia, el ansia de poder o ambas. No hace falta ser un lince para deducir que, con las sofisticadas herramientas financieras que dispone el mercado, es posible obtener ingentes beneficios apostando contra diversas instituciones. Antes contra bancos, ahora contra gobiernos. ¿Y después…? Luego lo vemos.

Pero, ¿y la economía real? De momento nadie parece acordarse de ella, excepto por los datos del desempleo, en unos países peor que otros. El debilitamiento del sistema financiero, y ahora de los estados, así como los elevados niveles de déficit y deuda públicos, ha conducido a una disminución general del crédito a particulares y empresas.

Aún con una economía boyante, hay una tasa de reposición de empresas. Es decir, siempre hay empresas que desaparecen o cierran por diversas causas, que son sustituidas por otras de nueva creación que a su vez absorben la fuerza laboral liberada por las primeras. Y ahora, ¿por qué no se crean tantas empresas? Muy sencillo, porque está demostrado hasta la saciedad que el crédito es el principal motor de creación de nuevos proyectos empresariales. Y no hay crédito apenas, y menos para nuevos proyectos, sobre todo si son innovadores, es decir, arriesgados, heterodoxos. Pues el sistema financiero tiende a la ortodoxia, que es otra palabra para definir la inercia a nuestros efectos. Consecuencia: desaparecen empresas, y por tanto empleos, que no se reponen con la creación de nuevas empresas en número suficiente por la contracción del crédito, o Credit Crunch.

En síntesis, estamos en un mundo en que únicamente las sociedades avanzadas con un notable componente innovador capean el temporal de forma más o menos solvente. Y en el que las sociedades avanzadas instaladas en la ortodoxia – inercia – lo sufren con su mayor intensidad. Los países emergentes, pues eso, bastante tienen con seguir emergiendo, luchando por equilibrar las insufribles tensiones que afloran en las sociedades que han estado aletargadas in illo tempore. Y los demás países, olvidados, como siempre.

Eppure si muove. Aunque con esta prolongada recesión está calando un germen de tristeza generalizada, que debemos denunciar y combatir. Nunca debemos darnos por vencidos. Pues el alma humana hará esfuerzos inconcebibles para seguir viviendo, y disfrutando, incluso en medio de las más adversas calamidades, como demuestra la historia.

El caso es que nos encontramos con unas instituciones públicas – estados, municipios, etc. – agotadas y un sistema financiero tambaleante. Situación que se agudizará en los próximos trimestres, en unos países más que en otros, hasta que la dureza de los ajustes lleve a una lenta recuperación de las economías, al liberar algo más de crédito al sector privado, que es el que mueve la economía real.

Pero con un estado e instituciones financieras tan sumamente debilitados, cualquier gran empresa será presa fácil de los depredadores profesionales. No habrá nadie que pueda o quiera ayudar. Adiós a los planes de reconversión industrial, a las subvenciones o a la nacionalización de empresas para salvar puestos de trabajo. Ya no será factible en un futuro no lejano. Y este podría llegar a ser el tercer hundimiento – triple dip – de la crisis.

La debilidad del crédito ha llevado aparejada la caída de los valores bursátiles, más allá del descenso en las cotizaciones provocado por los resultados empresariales. Lo cual hace que el valor bursátil de muchas corporaciones se acerque a un precio de ganga, incluso si sus negocios van viento en popa. Hasta ahora, prácticamente todos los estados defendían la titularidad nacional de sus empresas insignia – national champions – frente a la intrusión o toma de posición hostil de operadores extranjeros. Pronto ya no tendrán fuerza para oponerse, salvo superpotencias militares como USA y China, y quizás Rusia, aunque esta última por otros motivos que sería prolijo enumerar.

El proceso quizás se esté ya preparando con las concentraciones de empresas, como la concentración bancaria reciente y prevista. Pues es más sencillo y rentable hacerse con una macrocorporación que con muchas para después fusionarlas. Mejor ir forzando a que ellas mismas se fusionen. Y después, como con bancos y gobiernos, atacando el punto débil, incontrolable: el crédito externo, sus clasificaciones, sus diferenciales de tipo de interés, sus vencimientos… Hasta que estén al borde del abismo – default o suspensión de pagos – para entonces aparecer como salvadores, adquiriéndolas a precio de risa. Después, por último, procederán a su puesta en valor, eliminando a los pequeños y medianos competidores sectoriales por el mismo procedimiento de provocar default, e inyectando liquidez – ahora sí – a sus recién adquiridas joyas empresariales.

Realmente, el verdadero triunfo sería este, el dominio a escala global de una serie de sectores estratégicos de la economía real. Y dominando la economía real, cuya titularidad está actualmente muy dispersa, es como realmente se domina el poder económico mundial. El caso de la OPEP – ahora devaluada – es paradigmático de lo expuesto.

Aunque dicho proceso inevitablemente provocaría fuertes convulsiones, pues sería generalizado, como ahora son los ataques a la solvencia de los países reflejado en el diferencial de su deuda, y antes con las instituciones financieras. Al principio, desde luego, hubo una burbuja de activos – entre ellos, el ladrillo – pero la explosión de una burbuja no explica por sí misma la complejidad de los acontecimientos que estamos viviendo. Quizás alguien vio los beneficios – y las debilidades ajenas – que podrían derivarse de la explosión de una burbuja inmensa, global, y favoreció su génesis. El resto es historia.

En definitiva, estamos asistiendo a un esquema sencillo – quién ha dicho que lo sencillo sea fácil – aplicado de forma sistemática a diversos tipos de operaciones de dimensión global:

Ataque a la solvencia ► bajada de clasificación ► aumento del tipo de interés ► dificultades de financiación ► bajada de clasificación ► ajustes en la institución atacada ► imposibilidad de renovar deuda ► bajada de clasificación ► bono basura ►►► RESCATE o DEFAULT… ► Objetivo cumplido: institución noqueada o adquisición de corporación, según sea el caso ►►► Y a por otra…

En realidad esta hipótesis de la trama conspirativa no es en absoluto imprescindible, ni mucho menos. Basta con tener una cabeza bien amueblada, buena preparación, información relevante y acceso a los resortes de liquidez a gran escala. Con estas premisas, y dadas las herramientas financieras disponibles, es perfectamente legal obrar de la manera antes expuesta. Entonces, ¿por qué no hacerlo? De hecho, para muchos, lo incorrecto sería, pudiendo, no hacerlo. ¡Nunca se perdonarían a sí mismos la irrepetible oportunidad perdida!

Aún así, ¿es evitable? ¿Hay margen de maniobra? La respuesta es positiva. Resulta evidente que el nudo gordiano reside en la liquidez, particularizada en los créditos financieros, la cual puede volverse en contra nuestra a poco que el potencial oponente tenga músculo económico, además de un buen conocimiento de los resortes y herramientas financieras de nuevo cuño. Los clásicos de las escuelas de negocios ya decían que en el mundo de la empresa hay tres grandes prioridades: liquidez, liquidez y liquidez. Volvamos a los principios, pues.

Por tanto, lo primero que debe hacerse es ponernos en una situación de máxima liquidez y mínimo crédito bancario. Realizando – vendiendo – al mejor precio posible todos aquellos activos que no sean imprescindibles, o que no pertenezcan al Core Business o núcleo del negocio. Es evidente que firmas como Apple Inc., con unas disponibilidades de efectivo superiores a los 100.000 millones de dólares, ya han hecho los deberes. De hecho, una cosa es precisar crédito para iniciar o expandir un negocio, y otra muy distinta ser adictos al crédito. Hemos de ser conscientes que el crédito crónico nos hace ahora particularmente vulnerables.

Si nuestra organización tiene capacidad tecnológica o innovadora, debemos potenciarla al máximo, acelerando la salida al mercado de nuevos productos y retirando los ya excesivamente maduros. Ahora mismo, esto es prioritario frente al marketing, o como poco equivalente. Las empresas actualmente punteras dominan la triada marketing-diseño-innovación.

Si, pese a todo, seguimos con una posición crediticia potencialmente inmanejable, ¿por qué no vender ahora que todavía podemos? En estos momentos debemos contemplar todas las posibilidades, y tener la valentía de proceder en consecuencia. Caso de no vender – o no encontrar comprador a precio razonable – tener claro que nadie va a venir en nuestra ayuda, dado el debilitamiento general del sistema. En este caso, mientras esperamos que el porvenir resuelva nuestra suerte, lo lógico es mejorar en lo posible nuestra posición personal, nuestros ahorros particulares.

Y nuestros propios ahorros deben estar adecuadamente distribuidos. Si los concentramos en una única entidad financiera nos hacemos vulnerables a la suerte de dicha entidad. Debemos dar preponderancia a la seguridad frente a la rentabilidad.

Debemos ejercer influencia social – no olvidemos aquí el papel de las redes sociales – para que se aceleren los cambios del actual sistema. Pues no olvidemos que existe un consenso generalizado de que estamos ante una crisis sistémica. ¡Pero el sistema no ha cambiado! Y hay que comenzar a cambiarlo ya, de inmediato, antes de que nuestra vida cambie irremisiblemente a peor.

Por último, la evolución del ser humano nos proporciona algunas claves de futuro. Según los últimos hallazgos antropológicos, lo que diferenció al Homo Sapiens del Homo Neanderthal – este último se extinguió hace miles de años, aunque al parecer convivieron próximos a los Homo Sapiens en diversos ámbitos geográficos – fueron dos cosas: inteligencia colectiva (especialización) e intercambio (mercados).

Inteligencia colectiva es la noción de que lo que determina la inventiva y el ritmo del cambio cultural de una población es el volumen de interacción entre individuos. La sofisticación del mundo moderno no radica en la inteligencia individual ni en la imaginación. Es un esfuerzo colectivo.

La innovación es un esfuerzo colectivo que depende del intercambio. El intercambio convierte en colectivo y acumulativo el cambio cultural. La especialización es el medio por el cual el intercambio promueve la innovación: al mejorar haciendo un producto u ofreciendo un servicio, el individuo crea nuevas herramientas.

Desde entonces, la historia de la raza humana ha sido una diseminación gradual de especialización e intercambio: la prosperidad consiste en restringir cada vez más lo que se produce y diversificar cada vez más lo que se compra. La autosuficiencia — la subsistencia — es pobreza.

Lo cual entronca con las investigaciones publicadas por Ricardo Hausmann, exministro de Hacienda de Chile y Director del Center for International Development de la Universidad de Harvard: Las economías sofisticadas exportan una gran cantidad de productos ‘exclusivos’ que pocos países pueden hacer. Ingresos y sofisticación tienden a subir en tándem, como era previsible.

4. ESFUERZO, TALENTO Y RIESGO

Sabemos que esta crisis – The Long Recession – comenzó el 9/8/2007. Pero ignoramos cuándo finalizará. Ni siquiera estamos seguros de haber pasado su ecuador. A estas alturas, ya nadie espera recetas mágicas que nos saquen del atolladero. La mayoría sigue obrando como siempre, no se han percatado de que ya nada será igual. Hubo consenso en que la situación era de crisis sistémica; pero el sistema no ha cambiado aunque los paradigmas sean distintos.

Es evidente que los políticos, de cualquier país o signo político, no han estado y siguen sin estar a la altura de las circunstancias. Se requieren estrategias y medidas a largo o incluso muy largo plazo, y los políticos suelen estar instalados en el cortoplacismo de la supervivencia electoral. ¡Cómo añoran la burbuja que tan irresponsablemente fomentaron!

Esto lo saben y aprovechan los inversores potentes y poderosos, como determinados directivos de Goldman Sachs y otros próximos a ellos. En ocasiones se reúnen en lujosos áticos de Manhattan, esa isla neoyorquina donde tanto se decide, a ser posible sin luz ni taquígrafos. Pero su presunta hoja de ruta, espoleada por la avaricia desatada, sin ser cortoplacista tampoco aparenta contemplar el largo plazo, pues los inversores necesitan realizar resultados. Y, sobretodo, no plantea soluciones para el cambio sistémico, inevitable y global. Lo cual comienza a craquear, agrietar, sus sofisticadas prospectivas.

Pero muchos ciudadanos se han dado cuenta de que, si bien no hay fórmulas mágicas, sí que hay conceptos o valores que van en la dirección correcta: esfuerzo, talento, riesgo.

El esfuerzo supone un contrapunto al hedonismo en que todavía están instalados algunos, bien porque lo añoran, bien porque han logrado permanecer en él contra viento y marea desentendiéndose de cuanto acontece en su entorno. Es difícil imaginar algún logro significativo de la humanidad que se haya alcanzado sin esfuerzo. Y esfuerzo significa trabajar con eficacia y eficiencia, aprovechar al máximo nuestro tiempo, dando lo mejor en cada instante. Y aprovechar sinergias, colaborando y no entorpeciendo la labor de otros, formando verdaderos equipos, armonizando nuestras tareas. Comprendiendo y asumiendo nuestro lugar. Saber estar, compromiso. Asimismo, el esfuerzo debe ser favorecido mediante su reconocimiento.

Talento es lo contrario de mediocridad, talento es intensidad creadora. Es lo que marca la diferencia, y por consiguiente la diferenciación, tan necesaria en las organizaciones. Ahora, más que nunca, se precisa mejorar, innovar y saber difundir las ventajas competitivas de las iniciativas inteligentes. Y premiar positivamente el talento, estimulando la meritocracia.

El talento se combina a la perfección con el esfuerzo. Buen ejemplo de ello son los deportistas de élite, que aúnan talentos singulares con intensos entrenamientos. Podríamos decir que talento más esfuerzo equivale a creatividad con dimensión.

Pero sin asunción de riesgos difícilmente saldrán adelante iniciativas o emprendimientos, por más esforzados y talentosos que sean. No obstante, el riesgo ya no puede ser el del rentista individual que se limita a colocar sus inversiones a plazo fijo o en bonos estatales. Se impone un análisis cuidadoso de los proyectos de inversión, una diversificación en múltiples proyectos y sectores económicos, y un seguimiento activo de las posiciones tomadas. En definitiva, una toma de riesgos asociativa acompañada de talento y esfuerzo en su análisis y seguimiento.

Por otra parte, los rentistas lo tienen cada vez más crudo, con quitas de deuda pública a la orden del día y unas instituciones financieras cada vez más volátiles, menos confiables. Se están quedando sin valores refugio, pues hasta los metales preciosos, como el oro, son cada vez una inversión más arriesgada, quizás otra burbuja según analistas cualificados.

La atonía crediticia de las instituciones financieras públicas y privadas está generando un interesante divorcio entre la economía real y la economía financiera. Los nuevos proyectos o emprendimientos, tanto de empresas existentes como de las recién creadas, están encontrando mejor encaje entre instituciones de capital riesgo y business angels que en la banca convencional. Y últimamente entre el Crowd Funding. A lo que hay que añadir lo que se podría calificar de explosión de los microcréditos. Y aquí el riesgo ya no está definido por el respaldo de activos de creciente volatilidad, sino por la capacidad y grado de compromiso de las personas: esfuerzo y talento.

Esta tríada esfuerzo-talento-riesgo es de una gran simplicidad, fácil de comprender e implementar, además de ser perfectamente asumible por cualquiera de las culturas e idiosincrasias del planeta. Entonces, ¿por qué casi nadie habla de ella? Veamos…

En primer lugar, los dirigentes – políticos o del sector privado – suelen ser reacios a cualquier cambio que ponga en riesgo sus privilegios. Y, como es evidente para todos, hay mucho mediocre que ha traspasado con creces su nivel de incompetencia. La puesta en valor del talento, la meritocracia, va contra sus intereses. Es demasiado arriesgado para ellos.

Por otra parte, la primacía del esfuerzo armonizado, del compromiso con el trabajo y con la empresa, choca con las obsoletas estructuras sindicales y patronales, diseñadas para la confrontación. También se estrella contra los intereses de determinadas élites laborales – controladores aéreos, maquinistas de tren, pilotos de avión, etc – que se aferran a privilegios absurdos, por lo alejados de cualquier noción de eficiencia o rentabilidad.

Y, por último, la aversión al riesgo es lógico que se acentúe en épocas de crisis. Máxime si tomamos en consideración el hecho de que una proporción más que elevada de los patrimonios con posiciones de liquidez está compuesta por personas de edad cada vez más avanzada. Consecuencia del incremento de la esperanza de vida. La combinación de edad avanzada y, en general, escasa preparación, hace ilógica la toma de posiciones de riesgo asociativo no estructurado, fuera del sistema financiero convencional. Y transmitir patrimonio a los hijos, aunque sea parcialmente, choca con la egolatría de la mayoría. Y con el miedo, nuestro gran enemigo, el gran aliado de la oscuridad.

Aparentemente estamos en un callejón sin salida. Por eso ha sido inevitable una recaída en la recesión, el double dip o “W” que anuncian reputados economistas. Volveremos a tocar fondo y a remontar, con mucha más dificultad pues hemos agotado los recursos. Lo grave es que si no se implementan cambios sistémicos, vendrá un triple dip, una tercera recaída de la crisis. Y esto hay que verlo desde un positivismo realista, sin perder la esperanza ni la fé.

Pues, quienes sean capaces de implementar la tríada esfuerzo-talento-riesgo, no solo tendrán posibilidades de sortear la tormenta, sino que adquirirán fortalezas competitivas de largo recorrido. Quizá no haya recursos para todos, pues el sector público y las finanzas tradicionales absorben una parte muy considerable de los mismos. Pero será suficiente que una minoría significativa y cualificada de la sociedad comience a remar en la dirección correcta.

Los grandes cambios, como la reciente Primavera Árabe, comienzan con pequeñas semillas. Acompañadas de esfuerzo, talento y riesgo.

5. ¿QUÉ PODEMOS HACER?

  • ¿Queda algo de nuestro sistema financiero territorial? ¿Hay una dirección a seguir?
  • Business Angels
  • Crowd Funding.
  • Capital Riesgo
  • Microcréditos
  • SGR CV (avales para empresas)
  • ¿Dónde se han trasladado los centros de decisión financiera: concesión de créditos…?

Gaspar Llinares

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