SAMUEL Y YO

SAMUEL Y YO

Conocí a Samuel Sagan el día 29 de enero de 1997 a las 15:30, hora local de Sidney, Australia. Tengo por costumbre anotar fecha y hora de aquellos eventos que intuyo pueden ser un hito en mi trayectoria vital, como así ha resultado ser en este caso. La fecha la anoté en un libro que me obsequió para la ocasión: Sleeper Awaken!, volumen 1 de su saga épica Secretos de la Atlántida.

Poco tiempo después, tras un curso introductorio de fin de semana, me incorporé a las clases semanales -cada miércoles por la tarde- que daba en Sidney la escuela fundada por Samuel. En aquel entonces yo era director de una multinacional, supervisando la región Asia-Pacífico, con responsabilidad directa sobre las filiales de Australia, Singapur y Hong-Kong.

Aunque de educación cristiana y formación eminentemente técnica, si bien con un marcado talante liberal, desde mi juventud me he interesado profundamente por la metafísica, por el mundo del espíritu. He de confesar que al principio me tomé el asunto con muchas reservas, quizá excesivas. Pero es que hay mucho ‘iluminado’ de la Nueva Era -y algún que otro aprovechado- por ahí suelto…

Lo cierto es que Samuel es, sin ningún género de dudas, una de las personas más íntegras que he conocido a lo largo de mi vida. Integridad que ha procurado transmitir a su organización. Que no es otra cosa que una escuela esotérica de alto nivel, sin proselitismos ni imposturas, inserta en lo que podríamos denominar tradición esotérica occidental, y que responde a un impulso de los mundos espirituales con el fin de plantar semillas para un futuro de luz. Entronca con una tradición espiritual cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, varios miles de años atrás.

La escuela lleva a cabo una formación en meditación – y otras técnicas – al máximo nivel, con énfasis en la superioridad del conocimiento experiencial de primera mano sobre la creencia: “No hay nada que dudar, pues no hay nada que creer“. Idónea para quienes estén intensamente motivados por la autoexploración y la búsqueda del Ser. Ha formado a cientos de estudiantes de todos los continentes y razas, muchos de los cuales han alcanzado niveles excepcionalmente elevados en su desarrollo personal, así como en su práctica espiritual. Como ocurre en toda tradición espiritual seria, genuina, auténtica, alejada de la superficialidad de muchas de las corrientes denominadas New Age, el propósito esencial del proceso es ser más.

Se explora en profundidad el tema de la interacción entre la conciencia y la tecnología. Y no solo de manera teórica. Por ejemplo, hay técnicas específicamente diseñadas para emplearlas cuando se interactúa con ordenadores. En mi caso, me han sido de gran utilidad práctica, consiguiendo desarrollar una actividad intelectual de un alcance para mí inédito y consolidar una visión estratégica esencial en los procesos de gestión y dirección, así como en las tareas de consultoría, asesoramiento y coaching. Y minimizar hasta prácticamente eliminar los errores.

Y eso, como tantos otros estudiantes, sin afectar mi adscripción religiosa o política. De hecho, me ha permitido profundizar en el conocimiento de numerosos aspectos del cristianismo, así como saber apreciar la inmensa labor espiritual de -a título de ejemplo- los monjes benedictinos del Monasterio de Monstserrat, donde he meditado en más de una ocasión.

En definitiva, como he señalado antes, mi amistad con Samuel me ha permitido ser más, superar muchas de mis numerosas limitaciones como ser humano.He sidoes tudiante de su escuela, y tengo que decir que no solo no he pagado nunca ninguna cuota, sino que nunca he tenido la sensación de que nadie vaya detrás de mí ni de nadie, tanto cuando atendía cursos como luego, tras dejarla. Por supuesto, he pagado por los libros que he adquirido y por los cursos a los que he asistido, siempre cifras moderadas, asequibles. Y he hecho amistades, algunas memorables.

Gaspar Llinares

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