CASTELLÓN Y CATALUNYA

CASTELLÓN Y CATALUNYA

La deriva secesionista – o soberanista – de Cataluña ha materializado una serie de hechos objetivos que, en su práctica totalidad, afectan a la provincia de Castellón. Dada la ausencia de análisis al respecto, voy a intentar plasmar sus principales consecuencias prácticas a corto y medio plazo.

El innegable ruido mediático que ha producido la Diada de Cataluña del pasado 11 de septiembre, al que han seguido numerosos artículos en la prensa nacional e internacional, han puesto de manifiesto que un amplio sector de la sociedad catalana está a favor de un referéndum por la independencia de Cataluña. A ello se ha unido la convocatoria de elecciones al Parlament de Catalunya, que se ha querido presentar por algunos como un pseudoplebiscito.

La Unión Europea dio respuesta hace años a la pregunta de si una región que se escindiera de un Estado miembro seguiría perteneciendo a la UE o no. En respuesta a una pregunta formulada por un eurodiputado británico en 2004, Bruselas aclaró que “una región independiente nueva se convertiría, por el hecho de su independencia, en un país tercero respecto de la Unión y los tratados no se aplicarían en su territorio desde el día de su independencia”. Por tanto, si quisiera formar parte de la UE tendría que presentar una solicitud de adhesión, que tendría que ser aceptada por unanimidad por el Consejo Europeo que reúne a los jefes de Estado y de Gobierno de cada Estado miembro. O sea, cualquier país miembro podría vetar su ingreso.

Pero, a día de hoy, el cambio más significativo a nivel empresarial es el siguiente: Cataluña PODRÍA LLEGAR a secesionarse de España. Percepción que también comienzan a tener los ciudadanos de toda España. Y esto, independientemente de lo que pueda deparar el futuro, tiene consecuencias inmediatas. Los análisis de más de cien procesos de independencia desde 1900 confirman la regla de la caída del comercio en dos tercios, aunque la rapidez con que ocurre depende en gran medida de si la separación es hostil o amistosa. En el caso del divorcio de terciopelo entre la República Checa y Eslovaquia, el tráfico comercial entre ambos cayó en un 75%, y ello a pesar de que, al pertenecer los dos a la UE, existe libertad de circulación entre ambos.

Esta drástica disminución de transacciones comerciales, sobre la que existe un amplio consenso entre los expertos, quizás esté comenzando a producirse ya. Con ciudadanos mirando en tiendas y supermercados la procedencia o lugar de fabricación de los artículos en la letra pequeña del etiquetado. Pues muchos artículos catalanes están perfectamente camuflados como ‘españoles’ (no-catalanes), como es el caso del famoso Cola Cao de Nutrexpa, cuyo máximo responsable asistió ostentosamente a la mencionada Diada.

En este sentido, los castellonenses debemos ser muy cuidadosos, puesto que muchos artículos aquí producidos (cerámica, frutas…) tienen como destino el mercado catalán. Es decir, que cada uno haga lo que quiera con su cesta de la compra, o con sus cuentas bancarias; pero nada de ruido anticatalán. Caso contrario, nos echaríamos piedras sobre nuestro propio tejado, innecesariamente.

En cambio hay algo mucho más delicado y sutil, que sí que se ha visto influido desde el mismo momento en que aparecieron los primeros atisbos de incertidumbre: las decisiones de inversión. Algunos, como Lara, el dueño de Editorial Planeta, lo han dicho claro y alto. Pero no les quepa la menor duda que TODAS las multinacionales están redactando planes de negocio alternativo, pues TODAS están en Cataluña para abastecer el mercado español. Y las empresas autóctonas, de capital básicamente catalán, pues prácticamente todas, si no absolutamente todas, excepto las muy pequeñas o que atiendan un mercado muy localizado.

Me he referido – insisto – a las decisiones de inversión. Otra cosa es el desmantelamiento industrial de Cataluña. Es demasiado pronto para aventurar un cambio en dicha dirección. Quizás haya algún tímido movimiento, aunque no es previsible que sea significativo en el corto plazo. A corto plazo, las decisiones de inversión, en un contexto de crisis como el presente, derivarán en la no inversión.

A medio plazo, las decisiones de inversión de empresas ahora radicadas en Cataluña tenderán a territorializarse en 4 grandes conjuntos: Valencia-Castellón-Vinaroz, Zaragoza, Madrid y resto de España. Aquí la provincia de Castellón debe jugar las bazas de su mayor proximidad y la existencia de puerto comercial (y aeropuerto). Por ejemplo, quizás las grandes industrias químicas y petroquímicas probablemente estén valorando Castellón, Sagunto, Cartagena y Algeciras.

Es evidente que la existencia de suelo industrial apto, así como el ordenamiento urbanístico van a ser decisivos para la toma de decisiones de las grandes implantaciones industriales. Pero hay más: las infraestructuras presentes y proyectadas.

Es lógico que el Gobierno de España no anuncie reducciones en la inversión en Cataluña, sería como echar más leña al fuego. De hecho, acaba de anunciar la conclusión del AVE que unirá Barcelona con Francia para 2013. Otra cosa es que se cambien las prioridades de algunas obras:

  • Corredor mediterráneo de mercancías: seguramente se ralentizará, y en todo caso no pasará del denominado tercer hilo.
  • AVE Valencia-Tarragona: se ralentizará. Será prolijo hacer que llegue a Castellón
  • Autovía A7 desde el aeropuerto de Castellón hasta Tarragona: ya está ralentizada, quizás se frene todavía más.
  • Autovía A68 (Zaragoza-Vinaroz): lo lógico sería potenciarla, pasando a ser un eje ‘fronterizo’ de importancia estratégica.
  • Corredor central de mercancías: ya se está potenciando
  • Ferrocarril Sagunto-Zaragoza: alternativa al corredor mediterráneo, que potencia el corredor central.
  • Paso central de los Pirineos: alternativa a la AP7, que además reduce las distancias
  • Trasvase del Ebro: ¿Desde Mequinenza, Zaragoza?

En resumen, las actuales circunstancias de Cataluña ofrecen una serie de oportunidades para la provincia de Castellón, que deben de aprovecharse con discreción para no perjudicar las ventajas competitivas que disfrutamos. Asimismo, a nivel institucional, debemos reivindicar las infraestructuras que nos atañen, bien sean las previstas, o bien otras alternativas que nos compensen.

Por último debo mencionar que tanto Aragón como Baleares se encuentran ante similar tesitura que nosotros, lo que hace más factible que nunca una alianza política con las mismas. Es momento de acción entre bastidores. ¿Lo haremos? Aprovechemos la ocasión.

Gaspar Llinares

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