UNIVERSIDAD SIN ÉLITES

HARVARDLa universidad se ha masificado, transformándose en una mera continuación de la enseñanza secundaria, una prolongación temporal de una educación que ya no consigue formar élites, sino más bien una masa amorfa de personas con un horizonte profesional cada vez más penoso, sin apenas porvenir. Hemos pasado de aspirar a la democratización de la enseñanza a todos los niveles a la perversión del sistema educativo, encareciéndolo hasta límites de discutible sostenibilidad, al tiempo que bajando descaradamente el listón para así hacerlo asequible a las masas de escaso intelecto.

En cambio, en Inglaterra han sabido conservar Oxford y Cambridge, así como en Estados Unidos la Ivy League: Harvard, Princeton, Yale… Son las excepciones en un mundo que ha confundido el igualitarismo con la masificación y banalización en todos los ámbitos. El resultado, unas clases dirigentes de una mediocridad insultante.

En cierto modo, algunas escuelas de negocios y universidades privadas han intentado suplir este hueco abierto por la dejación y dejadez de las universidades públicas. Pero han sucumbido a la tentación de los grandes números, quedándose a medio camino de cubrir dicho objetivo.

En definitiva, se ha abandonado la formación elitista y, como consecuencia, ha desaparecido el itinerario formativo de las élites, de modo que los elementos más capaces de la sociedad reciben la misma formación que la gran masa. Lo cual los hace invisibles, indetectables, para gran perjuicio de la sociedad y de ellos mismos. Asimismo, para que estas masas crecientes sean capaces de obtener el ansiado título universitario, no se ha dudado en rebajar los requisitos para obtenerlo, bajando el nivel, dejándolo poco más o menos como una continuación de secundaria.

No parece que esta tendencia vaya a cambiar. Lo cual nos aboca a un mundo dirigido por mediocres, cosa que en gran medida ya está sucediendo. Añoraremos las élites, tan denostadas por ciertas corrientes de pensamiento.

Gaspar Llinares

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