LA FALACIA DEL PROGRESISMO

mafaldaLa palabra progreso –siempre con el progresismo en el trasfondo– es, quizás, una de las más empleadas por la izquierda política. Pues, ¿quién puede estar contra el progreso? En realidad, nadie, so pena de ser tildado de retrógrado e inmovilista, epítetos que a nadie agradan. Pero, en realidad, el empleo del término “progreso” por parte de la izquierda política encierra una inmensa falacia, un enorme engaño, una calculada y diabólica ambigüedad cimentada en la corrección política imperante.

Según el diccionario de la Real Academia Española, progreso proviene del latín progressus y tiene dos significados: 1) Acción de ir hacia delante. 2) Avance, adelanto, perfeccionamiento. A principios del siglo XVII, Francis Bacon definió progreso como el avance del conocimiento y la aproximación a la verdad. ¿Quién puede oponerse a ello? ¿Cómo rebatirlo dentro de los límites de la corrección política?

En cambio, en la terminología de la izquierda política, “progreso” significa una sola cosa: avance hacia la culminación de los objetivos teóricos de la izquierda política, sea esta o no marxista. Es un término vago e impreciso, con un sentido de vocación de mejoramiento social y de lucha por la superación de las trabas que lo detienen.

El progresismo surge a principios del siglo XIX, durante los convulsos episodios de la Revolución Liberal. Se ha vinculado en tiempos recientes al izquierdismo y al vanguardismo, aunque sin las connotaciones radicales que estos términos tienen. Así, las personas o ideas progresistas, al favorecer el cambio y los avances sociales, serían de izquierda y estarían en la vanguardia social. El progresismo ha sido utilizado por los marxistas para homologar sus alianzas tácticas con elementos de otras vertientes ideológicas bajo determinadas coyunturas políticas o trances electorales.

Es un concepto que debería haber quedado superado por caduco, como tantos otros postulados de la izquierda. Pero su uso cínicamente equívoco ha producido pingües réditos a la izquierda, que lo seguirá empleando mientras haya quien pique el anzuelo. Una izquierda que jamás ha sentido demasiado respeto por la Verdad, como en su día dejaron claro Lenin y tantos otros.

Por lo tanto, quienes hablan de un “gobierno de progreso”, se refieren a un gobierno que implementará políticas de izquierda, no a un gobierno que favorezca el avance de la nación o territorio. Un intelectual progresista será aquel que trabaje con ideas de izquierda y no necesariamente será una persona de ideas y actitudes avanzadas. Y así sucesivamente. En definitiva, una continuada falacia, un engaño de dimensiones colosales.

Gaspar Llinares

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