STAR WARS: LA COSMOGONÍA

generaciones-de-espectadores-siguiendo-star-warsLa saga Star Wars ha marcado un hito en la cinematografía, en especial en el género de ciencia-ficción. Es una “space opera” épica que fue inicialmente inspirada por George Lucas y que actualmente es propiedad de The Walt Disney Company. Llama la atención que, pese al conservadurismo de Lucas y, sobre todo, de la Disney, la franquicia Star Wars esté cimentada en una singular cosmogonía. Pues, pese a estar ambientada en un lugar y tiempo muy remoto y pretérito, ignoto, la cosmovisión es potencialmente extrapolable a todo tiempo y lugar, esto es, al aquí y ahora.

En primer lugar, tenemos la Fuerza, la cual es un campo de energía metafísico -que va más allá de lo físico- y omnipresente -lo permea todo- creado por todas las cosas que existen y que impregna el universo y todo lo que hay en él, manteniéndolo unido. En la primera trilogía se otorgaba a la Fuerza un sentido espiritual, que ha ido derivando a un concepto más científico, ligado a estructuras físicas microscópicas: los “midiclorianos”. Es lo que viene haciendo la Disney desde que adquirió Lucasfilm, declarando que el “universo expandido” -libros, cómics, etc.- no era canónico, sino más bien un conjunto de leyendas, a las que por tanto no tenía por qué adherirse al pie de la letra. El canon queda reservado para los capítulos filmados o que se puedan ir filmando. Es decir, se va definiendo sobre la marcha.

A continuación, tenemos los seres sensibles a la Fuerza, que pueden sentirla y a la vez llegar a manejarla, gestionarla, hasta alcanzar poderes similares a los siddhis de la tradición hindú. Son los Jedi y los Sith, según sean afines al Lado Luminoso o al Lado Oscuro de la Fuerza. Los Jedi son guerreros espirituales que recuerdan a los samuráis o a los héroes de las tradiciones célticas u orientales, así como a las órdenes militares de la cristiandad medieval. Un Jedi no puede amar, odiar o sentir demasiado apego a un objeto o persona, el deber de un Jedi es mostrarse noble y leal ante la fuerza y sus superiores, el Consejo Jedi. Tanto los Jedi como los Sith participan activamente en la gobernanza de la galaxia, de modo evidente u oculto. Su papel en la saga Star Wars es fundamental, siendo prácticamente los únicos actores principales, con alguna excepción significativa como Han Solo.

En definitiva, nos encontramos con una notable saga épica que desarrolla una cosmogonía que viene a ser un sincretismo, o más bien una mezcolanza de conceptos de las más variadas procedencias y tradiciones: celtas, budistas, cristianas, sintoístas… No deja de sorprender que todavía no hayan sido anatematizados por ninguna corriente religiosa, en especial por las más fundamentalistas. Quizá no lo hayan hecho para no ser acusados de excesiva intransigencia, o bien para evitar enfrentarse a la formidable maquinaria mediática de Hollywood.

En Hollywood son verdaderos maestros en idear productos que agraden a todo el mundo y la franquicia Star Wars no es una excepción. Como hemos señalado anteriormente, la Fuerza ha ido adoptando un tono cada vez más científico, menos espiritual, más asumible. Lo mismo ocurre con los Jedi o Sith, pues ahora resulta que son aquellos que tienen más “midiclorianos”, o sea, dependen del ADN, de la herencia, como es el caso de los Skywalker. De este modo, no solo es más aceptable para agnósticos y ateos, sino que es asimismo menos conflictivo para aquellos que tengan alguna creencia religiosa.

Como hablamos de cine, es importante examinar los aspectos visuales de lo antedicho. Tenemos que los Jedi llevan un atuendo con reminiscencias orientales y New Age, otra vez una mezcla ecléctica. El elemento quizás más espectacular, el sable láser, es de un fuerte impacto visual, con una curiosa discriminación cromática: azulado para los Jedi y rojizo para los Sith. ¿Alguna reminiscencia política? El caso es que los Jedi apuestan por la democracia y los Sith por el totalitarismo, el estatalismo. Esta mezcla de espiritualidad y política nos recuerda las teocracias de antaño, en las que los poderes espiritual y temporal se confundían.

Aunque, en líneas generales, es una cosmogonía “light”. Pensada y adaptada al estilo de Hollywood, para que no disguste a nadie y entusiasme a la mayoría, pues está en la esencia del espectacular éxito de la franquicia Star Wars. No está ahí para convencer sino para agradar, para recaudar. No se ha diseñado un lavado de cerebro ideológico ni una nueva religión, sino una máquina de hacer dinero. Y, por tanto, no hay que buscarle los tres pies al gato sino disfrutar del singular trabajo cinematográfico realizado. ¡Que la Fuerza les acompañe!

Gaspar Llinares

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