CÓMO SELECCIONAR UN COCHE ELÉCTRICO

esquemaEn la selección de un coche “electrificado” –eléctrico puro o híbrido– intervienen parámetros novedosos, no siempre coincidentes con los del coche tradicional. En primer lugar, la autonomía es fundamental, siendo el volumen y elevado precio de las baterías uno de sus puntos débiles. Otro parámetro importante es el tiempo de recarga de las baterías. Debe tomarse en consideración el elevado precio a igualdad de prestaciones respecto al coche convencional. Asimismo, es de gran importancia la red de puntos de recarga públicos, cuya distribución geográfica es muy desigual. Sin olvidar que el vehículo eléctrico tiene un gran rendimiento en tráfico urbano, al contrario que el vehículo convencional, cuyo hábitat natural es la carretera. Además, el mantenimiento del coche eléctrico es más sencillo, mucho más económico que el del vehículo térmico estándar.

Los vehículos híbridos no enchufables recargan sus baterías directamente desde el motor térmico del propio vehículo. Existen diversos modos de recarga: recuperación de energía del motor al reducir velocidad, en el frenado o directamente empleando el motor como generador. Estos coches tienen unas baterías que permiten escasa autonomía en modo solo eléctrico, ya que la principal finalidad para la que están diseñados es para mejorar la eficiencia del vehículo, así como para proporcionarle prestaciones más deportivas. Pueden sumar las potencias de ambos sistemas, térmico y eléctrico, como por ejemplo en adelantamientos.

Los vehículos híbridos enchufables ya disponen de baterías con una autonomía más extensa, sin alcanzar los valores de los eléctricos puros. El hecho de ser enchufables no es una pequeña diferencia, pues esto supone que el vehículo está dotado de todo un sistema de electrónica de potencia que posibilita tanto su carga normal como su carga rápida. Cuanto más rápida sea la carga, más costoso será dicho sistema. Estos vehículos híbridos enchufables reúnen las ventajas de ambos diseños, térmico y eléctrico, así como las de la suma de ambos: suma de potencias, de autonomía.

Los vehículos eléctricos puros ya disponen de autonomía en sus baterías para recorrer más de 200 Km, llegando a los 500 Km en algún caso. La velocidad de carga se ha incrementado notablemente, estando en el entorno de media de hora en el modo de carga rápida. Como hemos visto anteriormente, la velocidad de carga está en función de la electrónica de potencia instalada en el coche, lo cual hace pensar que este parámetro se irá reduciendo notablemente con el paso del tiempo. El gran hándicap del coche 100% eléctrico es su elevado precio respecto al coche convencional de similares prestaciones. Así como la todavía reducida o directamente insuficiente red de puntos de recarga públicos, lo cual en muchos casos limita su utilización a trayectos domésticos, cercanos al domicilio.

Algunos países, como Noruega, han establecido fuertes incentivos para la adquisición y uso del coche eléctrico: subvenciones, menores tasas e impuestos, peajes gratuitos, aparcamiento preferente y gratuito, puntos de recarga gratuita, etc. Esto se ha traducido en fuertes aumentos del número de vehículos eléctricos, que en el caso de Noruega superan las 100.000 unidades, cifra hasta ahora únicamente superada por Estados Unidos, Japón y China, países mucho más poblados que Noruega.

Queda mucho camino por recorrer, pero las tendencias comienzan a marcarse con nitidez. El vehículo híbrido tenderá a ser enchufable en la medida que se abaraten las baterías, así como la electrónica de potencia que permite su recarga rápida. Será el vehículo preferido en áreas aisladas o con escasos puntos de recarga públicos. El vehículo 100% eléctrico será el preferido en áreas urbanas, dado su excelente rendimiento energético y las ventajas de aparcamiento, recarga, etc. con las que ya cuenta, que previsiblemente mejorarán en el futuro. A ello se sumarán los notables avances en automatización de la conducción, conducentes al coche completamente autónomo, como el popular coche de Google. Es decir, nos encaminamos a un futuro en que la movilidad será eléctrica y autónoma, sin apenas intervención del conductor.

Tanto las baterías como la electrónica de potencia se abaratarán a medida que se fabriquen en mayores cantidades, tanto por economías de escala como por la denominada “curva de la experiencia”, que rige los costes previsibles de la mayoría de productos tecnológicos. En este sentido cabe mencionar la “gigafactoría” de baterías que Tesla Motors está construyendo en el desierto de Nevada (USA), a cuya conclusión se pretende manufacturar baterías para coches eléctricos mucho más económicas que las actuales. Se prevé que en la década 2020-2030 se equiparen los costes del vehículo eléctrico y el convencional, lo cual supondrá el definitivo declive de este último. Prueba de ello es que no hay un solo fabricante de automóviles que no esté desarrollando su propia gama de vehículos electrificados. Cabe destacar el caso de Volkswagen, que ha anunciado que para 2025 prevé que hasta el 25% de sus ventas provengan de modelos eléctricos

En resumen, el coche convencional todavía tiene recorrido, aunque ya se vislumbra el fin de su reinado, como muy tarde a finales de la próxima década. Los vehículos híbridos tendrán una vigencia efímera, aunque muy significativa. La gran misión del vehículo híbrido es facilitar la transición al coche 100% eléctrico, una vez cumplida la cual quedará relegado a zonas con escasa infraestructura o muy aisladas. El coche eléctrico puro comenzará con mayor pujanza en áreas urbanas, extendiendo su hegemonía a medida que las infraestructuras de recarga y el diferencial de coste respecto al coche convencional vayan evolucionando.

Los cambios serán rápidos, aunque no tanto como para que la depreciación de los vehículos obsoletos no sea fácilmente asumible por sus propietarios. El mercado de segunda mano, no obstante, tenderá a primar las tecnologías emergentes: primero los híbridos, luego los híbridos enchufables y por último los eléctricos puros.

Además, como ya vimos en un artículo anterior, el vehículo eléctrico se ha transformado en un actor principal de la escena geopolítica global. Su creciente pujanza influirá cada vez más –a la baja– en los precios del petróleo y sus derivados. Lo cual hará que los gobiernos de los países con grandes flotas de vehículos –EEUU, China, UE…– sean los nuevos actores que más influyan en los precios del petróleo, en función de sus políticas favorecedoras del vehículo eléctrico: subvenciones, tasas, impuestos, etc.

Gaspar Llinares

Ingeniero Industrial

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