MOVILIDAD INTELIGENTE: CONECTADA, AUTÓNOMA… Y ELÉCTRICA

car1La industria de la automoción está experimentando cambios de tal magnitud que cuesta hacerse cargo de todos sus avances. Aunque, sintetizando, todos los actores convergen hacia una misma dirección: la movilidad inteligente. O sea, el vehículo conectado, autónomo y eléctrico. Veamos la definición de estos términos:

  • Vehículo eléctrico: el propulsado por motores eléctricos.
  • Vehículo conectado: el que dispone de tecnologías que le permiten conectarse a dispositivos dentro del propio vehículo, así como a redes externas, tales como Internet. Asimismo, también puede conectarse a otros vehículos y a las infraestructuras por donde circule.
  • Vehículo autónomo: el que es capaz de realizar las funciones operativas de un coche tradicional sin un conductor humano. A su vez, según NHTSA (EEUU), se pueden definir varios niveles de automatización (ADAS) progresiva: L0 – sin automatización. L1 – conducción asistida. L2 – conducción parcialmente automatizada. L3 – conducción automatizada condicionada. L4 – conducción altamente automatizada. L5 – conducción plenamente automatizada.

Cada vez hay más coches que pueden conectarse al smartphone, tanto desde dentro del vehículo como de manera remota. Por ejemplo, para activar el sistema de climatización antes de entrar al coche.

Y cada vez son mayores las funciones autónomas de los vehículos, sobre todo los de gama alta. Como el aparcamiento automático o el mantenimiento del carril de circulación.

Un informe de la consultora KPMG para el Reino Unido prevé la comercialización de coches totalmente conectados y autónomos para 2025, con una cuota de mercado del 25% para 2030. Y eso que el informe es de 2015… Pues en este último año se ha avanzado de tal manera que todas las previsiones se están adelantando en gran medida. Otros, como el fabricante de sistemas Delphi, adelantan hasta 2019 la disponibilidad de vehículos de niveles L4/L5.

Por su parte, el vehículo eléctrico presenta una gran ventaja para un futuro de coches sin conductor: la excepcional seguridad de su proceso de recarga o repostaje de baterías. Es infinitamente más seguro que el repostaje de gasolina, gasóleo o gas, los cuales son difícilmente susceptibles de robotización por dicho motivo. Es llamativo que sea la única función no automatizada en las gasolineras sin empleados de reciente proliferación. Y el vehículo autónomo precisará sistemas autónomos de repostaje, sean estos inalámbricos o robotizados. Otra gran ventaja del coche eléctrico es su reducidísima necesidad de mantenimiento. Además del cuasi universal acceso a la electricidad.

La movilidad futura será inteligente, esto es, conectada, autónoma y eléctrica. Y, de este modo, podrá prestarse como un servicio, al estilo de los actuales taxis, aunque al carecer de conductor podrá ofrecerse a precios notablemente más ajustados. Esto ya es una realidad en Singapur, aunque de modo inicialmente experimental.

El coche nos recogerá, transportará y luego se dirigirá autónomamente a una zona de aparcamiento que considerará óptima, donde quizás repostará. Cuando precise alguna operación de mantenimiento la recabará por sí mismo. Y los pagos se efectuarán electrónicamente –previo consentimiento nuestro, mediante el smartphone– sin necesidad de nuestra presencia física.

Para la mayoría de desplazamientos rutinarios, sobre todo los urbanos, no precisaremos emplear vehículo propio. El transporte, pues, será un servicio al público, el cual podrá optar entre vehículos colectivos con trayectos y horarios relativamente rígidos, o vehículos individuales con trayectos y horarios a la carta.

Por supuesto, este proceso de evolución que actualmente es más perceptible en los modelos de elevadas prestaciones, no solo afectará a los coches, sino a todo el parque móvil y a las infraestructuras. Con lo cual, la responsabilidad en caso de accidente se irá transfiriendo desde el conductor a los fabricantes de vehículos. Si bien es cierto que la previsión es que las nuevas tecnologías coadyuven a reducir de forma drástica el número de sucesos, con disminuciones estimadas por encima del 90%. Lo cual repercutirá en una significativa disminución del gasto sanitario y de las horas de trabajo perdidas por bajas laborales. Esto justificará su fomento por los estados, vía subvenciones, exenciones o normativa.

El horizonte es de un período –que ya ha comenzado– en el que los automóviles estarán cada vez más conectados y automatizados, a la vez que conviviendo con vehículos tradicionales. En algún momento antes de 2050, posiblemente dejen de circular los actuales vehículos tradicionales. O bien queden relegados a tareas muy específicas “off road”. Llegaremos al punto de necesitar permisos especiales para poder circular con los actuales coches tradicionales.

Gaspar Llinares

Ingeniero Industrial

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