REDENCIÓN

He conocido personas que, en un momento de su vida, pasada ya la juventud, se han descarriado. Es decir, han comenzado a hacer maldades. Desde luego, evitando ponerse fuera de la ley; pero maldades al fin y al cabo. Hechos difícilmente probables o escasamente reprobados e incluso alentados por determinados segmentos sociales. Como, por ejemplo, el ataque a la reputación de otras personas, generalmente basado en la indefensión del prójimo y la desmesura. Lamentablemente, se podrían poner ejemplos ad infinitum. Sigue leyendo

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